Los Temas Tabú

Lo que los obreros transculturales deben saber sobre los temas “tabú”.

Ronald L. Koteskey

GO International

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  1. Stanley Jones, un obrero transcultural metodista que sirvió en la India, tuvo un año difícil. Tuvo una ruptura de apéndice, diez días después comenzó a padecer trismo (rigidez espasmódica de los músculos de la mandíbula inferior), luego estalló la Primera Guerra Mundial y varios otros obreros transculturales murieron, así que él tuvo que hacerse cargo del trabajo de ellos. Pese a todo esto, escribió una carta a su agencia enviadora en octubre de 1915 en la que decía: “Estamos todos bien y felices haciendo el trabajo”. Al poco tiempo, Stanley sufrió varios “colapsos nerviosos” mientras predicaba y en varias otras ocasiones. Su mente se quedaba en blanco y tenía que sentarse. Rara vez expresó algo acerca de los eventos difíciles que tuvo que atravesar y cómo se sintió al respecto.

Por el contrario, su esposa Mabel sí expresaba con toda libertad lo que pensaba. Por ejemplo, en enero de 1929 escribió lo siguiente en su carta de noticias: “Eunice (su hija) y yo no estamos contentas con la idea de tener al tercer miembro de nuestra familia lejos de nosotros en los Estados Unidos. Sentimos que, como familia, estamos pagando un precio demasiado alto... Extrañamos a Stanley y tenemos ganas de decirle unas cuantas cosas a la Junta de Misiones”.

Aunque existen algunos escasos obreros transculturales que son igual de radicales que E. Stanley Jones en cuanto a no querer hablar sobre las dificultades, parece que hay más obreros tipo “Stanley” que tipo “Mabel”. Algunos son, más bien, tipo “Stanley” con quienes los apoyan económicamente pero tipo “Mabel” con sus colegas.

Este silencio y negación a hablar de estos temas “tabús” puede causar que otros obreros transculturales crean que hay algo mal con ellos, que no son lo suficientemente espirituales o que son demasiado débiles para ser buenos obreros. Esto los puede llevar al desánimo y a sufrir en su propio silencio o, incluso, a renunciar y convertirse en una “estadística más de deserción”.

Es hora de romper el silencio en relación a estos temas tabús y ser transparentes para hablar sobre las dificultades que enfrentan los obreros transculturales. Es imposible enumerar todas las dificultades, pero las siguientes son algunas de las más comunes.

Vivir en otra cultura es realmente difícil

La mayoría de los obreros transculturales hablan abiertamente de lo feliz que se sienten de poder “ir por todo el mundo”, pero rara vez le dicen a alguien que la mayor parte del tiempo no es algo divertido. Aunque dominan el idioma, tienen un gran ministerio, son aceptados por la gente y aman lo que hacen, no son realmente “uno de ellos”. Incluso, a pesar de vivir por décadas en su cultura anfitriona, muchos obreros transculturales nunca se sienten “en casa”. Siempre son el “extranjero” que los niños miran fijamente y el hombre o la mujer “raros” que destaca en las reuniones. No es divertido ser el extranjero que siempre se nota pero que no es realmente parte integral del grupo.

Los obreros transculturales que sólo sirven por un período corto (pocos años) a menudo renuncian por “razones personales” y pasan a engrosar las estadísticas de deserción. Es más, incluso los obreros transculturales que han servido por una o dos décadas todavía padecen el estrés cultural y sienten alivio cuando pueden regresar a “casa” y quedarse por motivo de los estudios de sus hijos en la escuela secundaria o la universidad. Otros encuentran un lugar para servir en la sede principal de la agencia. Y aún otros se convierten en representantes de la agencia en determinadas regiones dentro de sus países de origen.

Los obreros transculturales a menudo sienten que sus amigos y familiares los han olvidado

Cuando los obreros transculturales se van a servir a otra cultura, usualmente creen que sus relaciones con familiares y amigos continuarán siendo las mismas aún tiempo después de su partida. Después de todo, cuentan con el correo electrónico, Skype, Facebook y otras redes sociales para mantenerse en contacto. Es normal que envíen cartas de oración con fotos de la familia y publiquen videos en las redes donde se los ve muy felices. Sin embargo, muy rara vez publican algo sobre cuánto los ignoran sus amigos y familiares a medida que pasan los meses.

Después del primer año de servicio, la gente en casa parece haberlos olvidado. Los obreros transculturales normalmente no dicen nada sobre este tema tabú. Algunos se quejan con sus colegas en el campo pero ciertamente no con sus amigos, familiares y la gente que los apoya. Lo que más duele es que pareciera que la gente en casa no los extraña. Los obreros entienden que la gente está ocupada y sigue adelante con sus vidas pero entenderlo no hace que duela menos. Los obreros transculturales no se sienten “en casa” en el lugar donde están y la gente en sus países de origen parece haberlos olvidado.

El dinero es un tema difícil

- Pedir dinero. Usualmente, los obreros transculturales no tienen suficiente dinero y se sienten incómodos al tener que pedir. Sin embargo, no hablan de este tema. Probablemente, quienes pueden apoyarles económicamente tampoco quieren que les pidan así que los obreros se ven obligados a usar una terminología diferente para convencerlos, como por ejemplo: “Estamos buscando ‘socios’ o ‘campeones’ que quieren tener la ‘oportunidad’ de ser parte de la ‘bendición’”. Lo que el obrero realmente necesita es dinero pero no quiere decir: “Por favor, dame un poco”.

- Aparentar que sus vidas están por encima del dinero. Los obreros transculturales piensan que tienen que aparentar ser más espirituales, que “caminan por fe” y “confían que Dios proveerá”. En realidad necesitan dinero para sus familias y ministerios pero, por lo general, sienten que es tabú decirlo en voz alta.

- Hacer juicios respecto al dinero. A los obreros transculturales que recaudan fondos para suministrar medicamentos para tratar enfermedades contagiosas en su país anfitrión a veces les cuesta no hacer críticas. Si una iglesia argumenta que no puede donar fondos para vacunas porque acaba de gastar varios miles de dólares en cambiar el color de un salón en el templo, a los obreros transculturales les resulta difícil no criticar.

- Ocultar sus gastos. Los pastores pueden viajar en crucero con sus familias y miembros de la iglesia, pero si los obreros transculturales admiten que pagaron un crucero de Disney para llevar a sus hijos, algunos de sus donantes podrían dejar de apoyarlos.

A los obreros transculturales no “siempre” les gusta decir adiós y nunca les resulta fácil

Los obreros transculturales novatos sabían que tendrían que despedirse cuando salieran de su país, pero no esperaban que las despedidas se convirtieran en una constante en sus vidas. La mayoría jamás pensó en cuán diferente sería decir adiós siendo un obrero transcultural a decir adiós cuando estuvieran de visita en casa. Estos son algunos ejemplos de duras despedidas:

- De los padres o abuelos (que tal vez ya no vivan para cuando ellos vuelvan).

- De los hijos que se van a la universidad.

- Recibir la llamada que avisa que un padre está en la etapa final de su vida (y no poder llegar a casa para despedirse).

- No estar durante los recesos escolares o las vacaciones (ver a sus hijos durante unos pocos días cada tantos años).

- Despedirse del campo para ir a casa y de casa para regresar al campo (cada tantos años).

- De otros obreros transculturales que se van a “casa” (cosa que ellos no puedan hacer).

Los obreros transculturales a menudo se sienten juzgados por personas que no viven a la altura de sus mismos estándares

Los obreros transculturales no tienen ningún problema con que las iglesias, las juntas de misiones o sus donantes les hagan preguntas específicas. Sin embargo, sí les molesta mucho cuando quienes preguntan son personas que esperan que ellos hagan algo que las mismas iglesias, juntas o donantes ni siquiera están dispuestos a hacer. Por ejemplo:

- Los preguntones critican cuando los obreros transculturales reportan que sólo han logrado tres conversiones durante el último año (siendo que su tarea es enseñar a Hijos de Tercera Cultura en una escuela primaria). A los obreros también les gustaría indagar cuántos convertidos han logrado los preguntones en el último año.

- Los preguntones quieren saber a cuántas personas han discipulado los obreros transculturales (siendo que ellos no han discipulado a nadie).

- Los preguntones critican que los obreros transculturales han estado ayudando a los pobres (cuando lo único que los preguntones han hecho es ayudar a servir comida a los pobres en un banco de alimentos).

 

Volver a “casa” es difícil

La mayoría de los obreros transculturales espera con ansias poder volver a “casa” para ver a sus amigos y familiares. Piensan en ello con frecuencia durante el año previo al viaje de regreso. Sin embargo, no todo es positivo.

La mayoría de la gente entiende los problemas logísticos. Muchos obreros transculturales no tienen un lugar para vivir, un vehículo para movilizarse ni los artículos necesarios para la vida diaria como platos, ropa de cama, toallas, ollas y sartenes para cocinar, etc. A muchos probablemente no les guste pedir cosas prestadas - ¿y si pierden o rompen un plato muy querido por algún amigo o donante? -. De la misma manera, es posible que los obreros reciban apoyo de varios donantes e iglesias que están repartidos por todo el país pero no dispongan del dinero para costear los viajes y visitarlos a todos, razón por la cual esta gente podría dejar de apoyarlos.

Asimismo, los obreros transculturales están conscientes de que el hecho de vivir en otro país los ha cambiado y que sus amigos y familiares tampoco son los mismos, porque han habido cambios naturales en su propia cultura. Estos obreros pueden sentirse condenados al ostracismo por personas que, a su vez, se sienten incómodas con su propio materialismo al estar frente a alguien que ha renunciado a tanto.

¿Qué pueden hacer los obreros transculturales?

Lo mejor que los obreros transculturales pueden hacer es romper el silencio y empezar a hablar con otros acerca de estos temas tabús. Lo ideal sería que, al menos, hablaran entre ellos mismos pero es muy poco probable que eso suceda.

Afortunadamente, hay esperanza. Los individuos o las parejas pueden hacer algo al respecto. Todo el mundo necesita alguien con quien hablar. Tal vez algunos obreros quieran hablar con un consejero pero muchos de estos temas no requieren de un profesional. Todo lo que se necesita es alguien que esté dispuesto a ser transparente acerca de sus propias experiencias y a mantener la confidencialidad. A continuación se enlistan algunas posibilidades.

- Habla con un amigo de tu misma agencia o mejor aún, de otra agencia.

- Pídele a alguien que sea tu mentor.

- Habla con alguien de tu iglesia “en casa” o con algún padre que hayas conocido en la escuela de tus hijos.

- Habla con un amigo, sin importar donde se encuentre, a través de Skype.

- Mantente en contacto con un amigo a través del correo electrónico.

Todos los temas tabú aquí mencionados son comunes entre los obreros transculturales, de modo que es probable que quienes están experimentando estos problemas no necesiten ayuda profesional.