Las Relaciones

Lo que los obreros transculturales deben saber sobre las relaciones

Ronald L. Koteskey

GO International

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Hacer y mantener amistades en el campo ha sido muy difícil. Empiezas a preguntarte si eres tú el del problema. ¿Por qué son tan difíciles las relaciones? ¿Qué tienen que ver las relaciones con la Gran Comisión? ¿Cómo es que construimos amistades? ¿Qué pasa si algunas amistades simplemente no funcionan? Consideremos a continuación algunas de estas preguntas.

¿Qué tienen que ver las relaciones con la Gran Comisión?

Son fundamentales. Cuando Jesús nos encargó la Gran Comisión nos dijo que fuéramos e hiciéramos discípulos de todos los grupos étnicos, es decir, personas. Si las personas se van a convertir en discípulos tienen que reconocer en ti a un discípulo y, por ende, querer ser como tú. Jesús dijo que la gente sabría quiénes eran sus discípulos por la manera cómo éstos se amaban unos a otros (Juan 13:35). En el versículo anterior a ese, Jesús había denominado a su mandato de “amarse unos a otros” como un nuevo mandamiento pero en realidad era un mandato renovado. Aparece por primera vez en el libro de Levítico y luego fue citado por Jesús cuando le preguntaron sobre el Gran Mandamiento. Él dijo: “Amarás a Dios y amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Ciertamente, la Gran Comisión implica predicar y enseñar a las personas a amar a Dios. Sin embargo, eso puede resultar más fácil que obedecer la segunda parte del Gran Mandamiento, la de amarse unos a otros. Cuando los nacionales observan la amistad que existe entre los obreros transculturales deberían decir: “¡Miren cómo se aman!”. Si esto no ocurre tal vez deberías reevaluar tus amistades y ajustar ciertas cosas para que puedas llevar a cabo con efectividad la Gran Comisión de hacer discípulos. Si las personas no reconocen que tú y tus co-obreros son discípulos y no quieren llegar a ser como ustedes, puede que su ministerio esté siendo bastante infructuoso.

¿Por qué son tan difíciles las amistades con otros obreros transculturales?

Hacer y mantener amistades es difícil para la mayoría de las personas. Las personas son diferentes en muchos aspectos y pueden sentirse amenazadas o dejar que los estereotipos les impidan formar amistades cercanas. Algunas personas son más productivas a la mañana, otras a la tarde. Algunos trabajan rápido y hacen todo a tiempo, otros completan las cosas a último momento. Las personas tienen rasgos de personalidad diferentes, algunos son extravertidos y otros introvertidos. Algunos son bastante maduros y otros inmaduros. Además de estos factores generales existen otros más específicos que hacen que, para los obreros transculturales, sea aún más difícil desarrollar y mantener amistades cercanas.

  • Tiempo. En tu país natal todo el mundo está ocupado pero en el campo hay muchas más responsabilidades que te mantienen ocupado. Los asuntos de la vida cotidiana como conseguir y preparar los alimentos, pagar las facturas y reparar cosas te quitan aún más tiempo. Y también tienes que mantener tus relaciones con tus socios y quienes te apoyan.
  • Movilidad. En “casa” o en tu país de origen la gente se muda, es cierto, pero tener que cambiar de residencia dos veces cada cinco años viene incluido en la decisión de ser un obrero transcultural: cuatro años en el campo, uno en “casa”. En “casa” te mantienes viajando de un lado al otro visitando a quienes te apoyan. En el campo estás viajando frecuentemente como parte de tus funciones.
  • Expectativas. Aunque las personas en tu país te decepcionen es probable que otros obreros lo hagan aún más a menudo porque tú esperas más de ellos. ¿No se supone que ellos deberían saber lo que necesitas y satisfacer esa necesidad? ¿Dónde está el amor que se supone deberían expresarte?

Un buen ejemplo de esto son los discípulos de Jesús. Ellos conformaban un equipo de doce y su objetivo era evangelizar Palestina. Jesús era el director de campo. Los discípulos habían sido llamados, habían pasado por el proceso de selección, habían dejado sus trabajos, habían pasado por la orientación y habían salido en equipos de dos. Habían recibido capacitación y habían servido durante casi tres años. Ciertamente, cualquiera esperaría que a esas alturas ellos tendrían las cosas bajo control.

Vamos a retomar la historia en Marcos 9. Los discípulos habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Jesús los reúne y les señala que quien quiera ser el primero debe ser el último y el servidor de todos. En Marcos 10, se encuentran con el joven rico que no estaba dispuesto a renunciar a sus posesiones. Luego, cuando Pedro señala que los discípulos habían abandonado su hogar y su familia para viajar y difundir las buenas noticias, Jesús se muestra de acuerdo y repasa sus enseñanzas sobre que el primero sea último y el último primero. Incluso después de estas dos claras lecciones, mientras viajaban hacia Jerusalén, Jacobo y Juan (o su madre) piden ser los primeros en el reino. Cuando los otros diez se enteran de esto, se indignan con el par de hermanos (¡se supone que estos hermanitos ya deberían saberlo!) Sin embargo, en lugar de regañarlos, Jesús llama nuevamente a sus discípulos y vuelve a repasar con ellos la lección: quien quiera ser grande debe ser el servidor de los demás.

¿Cómo construimos esta clase de relaciones?

Vivir de tal manera que la gente sepa que somos discípulos de Jesús debido a nuestro amor mutuo no es cosa fácil de lograr en el mundo de hoy, pero se puede. Por supuesto, no puedes ser amigo íntimo de todos, así que después que hayas elegido a las personas con las que te gustaría desarrollar ese tipo de relación intenta lo siguiente para construir amistades.

  • Tiempo. Las amistades toman tiempo. Tu respuesta puede ser que simplemente no tienes tiempo, que debes priorizar tu horario de actividades. Pero si realmente crees que es importante que la gente reconozca en ti a un discípulo, debes comenzar a programar tus prioridades. El tiempo que dediques cada semana a desarrollar relaciones interculturales con otros obreros te hará más efectivo, más propenso a ser feliz y menos propenso a dejar tu trabajo y a enfermedades.
  • Afirmación positiva. Uno puede vivir durante varias semanas sostenido emocionalmente por un buen halago. Sin embargo, la mayoría de nosotros pasamos meses sin dar ni recibir si quiera uno. ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste un halago sólido y constructivo a alguien para fortalecer tu relación con él o ella?
  • Confianza. Es probable que pasar tiempo juntos en un ambiente que brinda afirmación emocional conduzca rápidamente al desarrollo de la confianza. A medida que aumente el tiempo también lo hará la confianza, pero debes tener mucho cuidado de no traicionar esa confianza. La confianza tarda meses o años en construirse y solo unos segundos en destruirse.
  • Comunicación. Algunas personas nunca han tenido a alguien que le preste toda su atención y realmente lo escuche. A veces escuchamos lo que la gente dice con sus palabras pero no con sus corazones.
  • Vulnerabilidad. Cuando las personas en quienes confiamos se preocupan y realmente nos escuchan tendemos a abrirnos y volvernos más vulnerables, a ser más honestos entre nosotros en lugar de estar “a la defensiva”.

Todos necesitamos un grupo de amigos que nos apoye. Las personas de culturas occidentales individualistas a menudo piensan que todo lo que necesitan para ejercer su ministerio es a Jesús y a ellos mismos, pero sin darse cuenta padecen del "Síndrome del Ángel" y creen que sus necesidades no son las mismas de las personas comunes simplemente porque han sido “llamados al servicio” del Señor.

¿Qué hay de las “hermandades”?

¿Existe algún peligro en formar grupos exclusivos en el campo que ignoren a otros? Por supuesto que sí, pero tú puedes tomar decisiones precavidas para asegurarte de que esto no suceda. Por ejemplo, tomen la decisión de no pasar tiempo juntos en la iglesia o en eventos que ocurran en el campo. Estipula como regla que cada vez que alguien de tu grupo visite tu hogar invitarás a alguien más.

¿Qué pasa si no funciona?

Esto seguramente sucederá con algunas personas. Es muy poco probable que cada intento que emprendas de construir una amistad resulte en el tipo de relación que aquí se describe. Si no resulta, intenta nuevamente en otro lugar y con otra persona. A excepción de aquellos que sirven en áreas muy aisladas y remotas, la mayoría de los obreros transculturales hoy en día viven cerca de obreros que pertenecen a otras organizaciones y ese es un buen lugar para buscar amistades, incluso un buen lugar para comenzar a tenerlas. Si todos tus amigos son de tu misma agencia es posible que estés sirviendo la mesa para tu propio agotamiento emocional, debido a que cada vez que se reúnen, de manera más reiterativa, conversan sobre asuntos de la organización en lugar de construir relaciones.

¡Hazlo!

Como suele ser el caso, sabemos lo que debemos hacer y simplemente no lo hacemos. En Lucas 10, un experto en la ley le pregunta a Jesús qué tiene que hacer para lograr la vida eterna. Jesús le pregunta qué estaba escrito en la ley. El hombre responde citando el Gran Mandamiento que incluye: “ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Jesús le dice que tiene razón y agrega: “Haz esto y vivirás”. Sin embargo, tratando de justificar su falta de relaciones interpersonales, el hombre pregunta quién es su prójimo. Jesús le cuenta la historia (intercultural, además) de un samaritano que ayudó a un hombre necesitado, a su vez ignorado previamente por dos religiosos. Cuando Jesús pregunta quién era el prójimo en la historia el experto en la ley responde correctamente. Jesús nuevamente le dice: “Ve y haz lo mismo”.

Al igual que este experto en la ley, nuestro problema casi siempre no es descubrir lo que debemos hacer sino realmente hacer lo que creemos es correcto. En Marcos 12, encontramos a otro maestro de la ley que hace comentarios a lo que Jesús dice sobre el Gran Mandamiento, y señala que amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo “es más importante que todas las ofrendas quemadas y los sacrificios” (v. 33). Jesús afirma que su respuesta es sabia. Esto es lo mismo que decir que amar a tu prójimo puede incluso ser más importante que muchas de las cosas que haces como “obrero transcultural profesional”.

Dedicar mucho tiempo a los “menesteres” del trabajo transcultural puede ser un síntoma de que uno está evitando el arduo trabajo de construir y mantener relaciones interpersonales, que está tratando de llenar la necesidad de relaciones humanas cercanas con “ajetreo”. El recurso terrenal más útil para combatir el estrés es el apoyo social: el sentirse cómodo compartiendo con otros que son positivos y solidarios.

Si más obreros transculturales desarrollaran relaciones íntimas de amistad serían más felices, más saludables y requerirían menos cuidado y acompañamiento terapéutico. Debido al amor mutuo entre ellos, los nacionales los reconocerían como discípulos de Jesús y querrían, muy probablemente, convertirse también en discípulos.

Visite el siguiente sitio web para acceder a otros folletos de esta serie: http://crossculturalworkers.com/