El Conflicto

Lo que los obreros transculturales deben saber sobre el conflicto

Ronald L. Koteskey

GO International

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Nadie tiene que convencer a los obreros transculturales de que el conflicto es parte del trabajo transcultural. Así ha sido desde los primeros capítulos del libro de los Hechos. No sólo ha habido conflictos siempre, sino que los temas causantes de los conflictos siguen siendo básicamente los mismos. Existen conflictos culturales que provocan desacuerdo entre los obreros y las agencias, así como conflictos individuales entre obreros que están en el campo. ¿Por qué surgen los conflictos? ¿Qué hacer al respecto? ¿Qué pasos podemos dar para resolverlos? ¿Qué hacer si sentimos que otros nos atacan? ¿Qué pasa si no se puede resolver? Consideremos algunas de estas preguntas a continuación.

¿Por qué surgen los conflictos?

El conflicto es normal cuando dos o más personas en estrecha relación tienen diferentes opiniones. El conflicto se produce cuando las personas se preocupan por temas importantes y tienen diferentes apreciaciones al respecto. Cuanto más preocupados y más importante sea el tema, más intenso será el conflicto. Los conflictos son simplemente parte de la vida y son destructivos sólo si se los maneja incorrectamente.

Tomemos como ejemplo el conflicto que ocurrió en Hechos 15. Pablo y Bernabé regresaron de su primer período de servicio a la iglesia de Antioquía que los había comisionado. Organizaron una conferencia para hablar de la obra transcultural y contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos. Todo marchó muy bien por mucho tiempo hasta que unos hombres, originarios de la cultura donde la oficina central estaba instalada, visitaron la iglesia en Antioquía.

Estos hombres comenzaron a enseñar que a menos que los creyentes que habían respondido al mensaje predicado por Pablo y Bernabé fueran circuncidados, no serían salvos. Entonces surgió la discusión en torno a si esta “costumbre enseñada por Moisés” era un asunto cultural o clave para la salvación. Aquí tenemos una situación en la cual dos obreros transculturales a quienes les importaba profundamente el tema (Pablo y Bernabé) no estaban de acuerdo con otros respecto a una cuestión importante (la salvación). Esto “provocó un altercado y un serio debate con ellos” (v.2 NVI).

¿Qué debemos hacer cuando hay conflictos?

El conflicto debe ser resuelto tan pronto como sea posible. Jesús señaló que si estás entregando una ofrenda a Dios en el altar y de repente te acuerdas que tienes un conflicto no resuelto con otro creyente (Mateo 5), debes dejar allí tu ofrenda, ir a resolver el conflicto y luego volver para entregar tu ofrenda a Dios. Debemos resolver los conflictos rápidamente pero también debemos escoger cuidadosamente el momento y el lugar para esa reconciliación. A veces el conflicto todavía está en un tono emocional alto y es mejor esperar un tiempo antes de acercarnos a la otra persona. Si hay otras personas alrededor es mejor no involucrarlas en la disputa. Lo importante, sin duda, es resolver el conflicto pronto, porque los sentimientos que despiertan los conflictos no resueltos se implantan rápidamente y se vuelven más difíciles de cambiar.

¿Qué pasos tomar para resolver un conflicto?

Jesús enseñó un procedimiento de tres pasos para que lo usemos en la resolución de conflictos, tal como aparece en Mateo 18. En la cultura estadounidense, así como en gran parte de las culturas occidentales donde tendemos a pensar de manera lineal, resulta más normal y apropiado seguir estos tres pasos en forma secuencial. Sin embargo, si el conflicto es con alguien de una cultura diferente, asegúrate de consultar con alguien criado en esa cultura antes de tratar de resolver el conflicto. Seguir estos pasos en este orden pueden no ser culturalmente apropiado y, en ese caso, puedes terminar empeorando el conflicto. Los pasos que Jesús enseñó son:

- Acércate a la persona a solas. Con frecuencia, las dos partes involucradas pueden resolver el conflicto por sí mismos y, al hacerlo, su relación se vuelve más fuerte que antes. Por supuesto, debes saber escoger el momento, la situación y la manera de acercarte.

- Encuentra un mediador. Si el acercamiento directo no funciona o si no es apropiado culturalmente, debes buscar un mediador. Una vez más, elige cuidadosamente. Busca a alguien que creas que ambas partes consideran imparcial y en el que ambas tengan confianza.

- Exponlo a la iglesia. Si ni el mediador ni tú pueden lograr una solución, debes llevar el caso ante el cuerpo más grande. Después de que la iglesia llegue a una decisión, ambos deben aceptarla. La iglesia ha recibido instrucciones claras de tratar a cualquiera de las partes que no se adhiera ni cumpla con la decisión, como si no perteneciera a ella.

Volvamos al conflicto de Hechos 15. Pablo y Bernabé tuvieron un “altercado y un serio debate” con los maestros visitantes pero no pudieron resolver el conflicto por sí solos. Aparentemente, llamaron a unos mediadores de allí mismo de Antioquía, pero estos tampoco pudieron resolver el conflicto. Así que Pablo, Bernabé y algunos otros creyentes, fueron enviados a la sede principal de Jerusalén para resolver el conflicto.

¿Cómo lo vamos a resolver?

Asumiendo que el asunto es importante y que has escogido cuidadosamente el momento y la ocasión, te presento algunas pautas que aparecen en Hechos 15 y te ayudarán a resolver el conflicto, ya sea que lo tengas con otra persona o que exista dentro de todo un cuerpo de creyentes.

- Den a ambos lados la oportunidad de presentar su caso. Pablo y Bernabé presentaron sus argumentos y luego los fariseos presentaron los suyos.

- Ofrezcan un margen de tiempo adecuado para la discusión. En el caso de Pablo y Bernabé, se trataba de un tema crucial (la salvación), así que hubo “mucha discusión”.

- Guarden silencio. Fíjate que “toda la asamblea se calló” mientras escuchaban la discusión. Con demasiada frecuencia hay una corriente subterránea de susurros entre la multitud en situaciones como ésta.

- Escuchen. “Ellos escucharon”. Hay una gran diferencia entre estar callado y escuchar de verdad. Ponte en el lugar del otro e intenta realmente escuchar y entender lo que está diciendo. Con demasiada frecuencia “apagamos” nuestros oídos, dejamos que nuestras mentes empiecen a divagar, pensamos en la respuesta que vamos a dar o simplemente nos adormecemos en una larga discusión.

- Permitan que el otro termine de hablar. “Cuando terminaron, Santiago habló”. No interrumpas hasta que el otro haya terminado.

- Cíñanse al tema. El asunto de debate aquí era si la circuncisión era necesaria o no para la salvación. ¡Imagina todos los otros temas que pudieron haber salido de los libros de la ley y haber sido traídos a la mesa de discusión! Además, lo ideal es que discutan sobre el tema, no sobre las personalidades de los involucrados.

- Expresen sus sentimientos apropiadamente. No hay ningún registro de que ocurrieran ataques verbales o contraataques durante la discusión.

- Apliquen las Escrituras. Puede que existan distintas interpretaciones pero por lo menos fíjate en lo que la Biblia tiene que decir. Santiago, por ejemplo, citó Amós 9.

- Propongan una solución. Santiago dijo (v.19): “Por lo tanto, yo considero que...”

- Pónganse de acuerdo en lo esencial. Todos estuvieron de acuerdo en varios puntos y escribieron una carta.

- Acepten la decisión. Cuando la delegación volvió a Antioquía y le entregó la carta a la iglesia (v.31), “los creyentes la leyeron y se alegraron por su mensaje alentador”.

- Reafirmen su amistad. “Después de pasar algún tiempo allí” y tener comunión, los maestros visitantes fueron despedidos “en paz”.

¿Qué hacer si sentimos que otros nos atacan?

A veces no eres tú quien está tratando de resolver el conflicto sino que es la otra parte quien se acerca a ti, pero de manera inapropiada. Un buen ejemplo de esto se encuentra en Josué 22. Los israelitas acababan de terminar de pelear (luego de varios años) por la Tierra Prometida. Dios había cumplido cada una de las buenas promesas que les había dado y ellos estaban listos para disfrutar un tiempo de paz y descanso.

Cuando las tribus que vivían al este del río Jordán iban camino a casa, construyeron un gran altar en un lugar que era propiedad de las tribus del lado oeste. Esto enfureció a las tribus del lado oeste y “se reunieron en Silo y se prepararon para salir a la guerra contra ellos”. Afortunadamente, antes de atacar, enviaron a una delegación para dialogar primero; pero lamentablemente, la delegación no tuvo las habilidades necesarias para manejar el conflicto. La disputa era sobre una importante cuestión de fe, pero Finees y su grupo asumieron cosas erradas acerca de las ideas y motivaciones de quienes habían construido el altar y lo que ellos habían predicho que habría de suceder, actitudes totalmente inadecuadas cuando se intenta resolver un conflicto.

La delegación comenzó a decir: “¿Cómo pudieron… Cómo pudieron…?” Lee los versículos 16-21 y anota cuántas veces aparece la palabra “ustedes”. Colócate en el lugar de los que están escuchando estas acusaciones y presta atención a cómo se deben haber sentido.

Por fortuna, alguien del grupo del lado este del río sí sabía cómo apaciguar una situación de conflicto. Primero, afirmó que ambos lados estaban completamente dedicados a servir al mismo Dios y lo hizo usando las palabras “nosotros”, “nos” o “nuestros” en vez de “ustedes”. Estos pronombres en primera persona aparecen 20 veces en los versículos 22-29, en promedio, más de dos veces por versículo.

Siguiendo las pautas que encontramos en Hechos 15, rehusándonos a leer las mentes, juzgar los motivos o predecir el futuro, y usando el “yo” (o el “nosotros” en una situación de grupo), es posible desactivar y resolver conflictos como ocurrió en Josué 22.

¿Qué pasa si el conflicto no se resuelve?

A veces los conflictos no se pueden resolver y sólo quedan dos opciones: “acordar que están en desacuerdo” o separarse. Justo después de la resolución positiva del conflicto de Hechos 15, encontramos un conflicto irreconciliable que ocurrió entre Pablo y Bernabé. Mientras planeaban un segundo período de servicio transcultural, Bernabé pensó en llevar a Juan Marcos con ellos pero Pablo no estuvo de acuerdo y tuvieron un fuerte discrepancia. Aparentemente, Pablo estaba más orientado a las tareas y no quería arriesgarse a llevar a alguien que tal vez abandonaría sus responsabilidades, mientras que Bernabé estaba orientado a las personas y no quería herir sus sentimientos.

No se nos dice cómo trataron de resolver el conflicto, lo cierto es que no pudieron hacerlo y “terminaron por separarse”. Por supuesto, Dios obra en medio de todas las cosas para cumplir sus propósitos. Al final, envió a Bernabé y a Marcos a Chipre, mientras que Pablo y Silas se fueron a Siria. Fíjate que más tarde, Pablo cambia de opinión acerca de Juan Marcos y pide que éste lo visite (2 Timoteo 4:11). Dios usa incluso nuestros conflictos para hacer avanzar Su obra.